A las tres de la mañana, llegó a la casa con tres strippers a las que ninguno de nosotros conocía. Aún estaba usando la misma ropa que en el Show -una playera morada sin mangas con estrellas plateadas, pantalones cortos de mujer sobre medias rojas y botas militares- y estaba más que ebrio. Sus ojos se movían de lado a lado tan rápidamente que eran un borrón y jugueteaba maniáticamente con el arete de su labio mientras balbuceaba incoherentemente sobre algo que parecía importante para él. Mirándolas de cerca, las strippers tenían las piernas, brazos y los cuellos lastimados y descoloridos, como si se le estuvieran acabando las cenas en que inyectarse. Sus dientes estaban rotos y chuecos como velas derretidas en un pastel. Al tiempo que se tambaleaban salvajemente por la habitación, ofreciendo a todos heroína, valiums y cualquier cosa que estuviera recolectnado pelusa en sus bolsillos, Brad parecía colapsarse, se retorcía en el sofá y estaba tan desorientado que no recordaba su propio nombre. El sudor corría por su rostro y goteaba sobre su ropa. Por un segundo, pareció recobrar sus sentidos. Me miró a los ojos, después cayó al piso, inconsciente. Su rostro estaba verde pálido del tinte que le habia escurrido a la frente junto con el sudor y sus uñas sin pinura ahora estaban azules y moradas.
dissabte, 13 de desembre del 2008
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